El 1 de julio entró en vigor definitivamente la normativa europea que obliga al cobro de las bolsas de plástico que se entreguen a los clientes.
Después de una semana de su aplicación práctica, ya podemos exponer algunas conclusiones, sugerir argumentaciones y ejemplos de cómo los comerciantes lidiamos con esta nueva ley. Ante todo y como siempre, utilizando el sentido común y evitando perjudicar al cliente.

Llevamos 10 días de aplicación del Real Decreto 293/2018, de 18 de mayo, sobre reducción de consumo de bolsas de plástico y por el que se crea el Registro de Productores, los establecimientos (físicos y “on line”) donde se entreguen bolsas a los clientes nos vemos obligados a:
1.- No entregar bolsas de plástico ligeras con o sin asa a los clientes.
2.- Cobrar las bolsas de plástico ligeras a un precio que oscila entre 5 y 15 céntimos, en función del espesor, exceptuando las muy ligeras (menos de 15 micras de espesor) que sean el soporte primario de alimentos a granel
3.- Cobrar las bolsas de plástico de espesor igual a 50 micras o más, a menos que sean de plástico reciclado en más de un 70% de su composición (en cuyo caso se deberá disponer del correspondiente certificado del productor que acredite su composición)
4.- Exponer al público un cartel informativo de dicho cobro e informar de ello a los clientes
En aplicación del sentido común, los comerciantes llevamos tiempo evitando el plástico en las bolsas que entregamos por diversas razones:
1.- Acaban siendo recipientes para la basura doméstica, lo que no resulta nada atractivo para llevar nuestra imagen
2.- Aun siendo la opción más económica, es también la que tiene un tiempo de uso más corto, con lo que la inversión apenas revierte en publicidad
3.- Las bolsas de cualquier otro material, diferencian al comercio local de cercanía y el cliente agradece su reutilización, en muchos casos con orgullo de su barrio y ciudad.
4.- La entrega de bolsas atractivas y de consistencia suficiente, invita a su reutilización, con lo que la imagen de marca se difunde y se saca partido al gasto.
Con sentido del humor se superan mejor las normas, aquí tenemos algunos ejemplos:
1. Deshojando la margarita
Cuando quien atiende pregunta al cliente si quiere bolsa y le dice que sí, que si es de plástico se la tienen que cobrar, que entonces no, que si tiene cómo llevar las veinte cositas, que no, la bolsa son 5 cents, que sí, si la quiere de papel que no se cobra, que no por que llueve, si de plástico entonces, que no, no quiere bolsa , que sí, la de papel, que no, lo va metiendo entre todos los bolsillos de la
chamarra y ya no hay duda.
2. Dando la vuelta a la tortilla
Cuando el cliente se sabe la norma y avisa con un si sabes que ahora tienes que cobrar las bolsas, las nuestras son de papel y se regalan con la compra, sí pero las de plástico las tienes que cobrar, sí pero no tenemos de plástico sólo de papel, pues las de plástico algunas no las cobran que son recicladas, nosotras tenemos solo de papel, con la que está cayendo dame una bolsa de plástico, no
tenemos, es para la cabeza, puede llevarse este gorro de lluvia lo compra y le regalamos una bolsa de papel, asunto resuelto y contento.
3. En la tienda de chuches
Cuando pide uno y es para seis y una bolsa también, te la tengo que cobrar a 5 cents que lo que llevas son paquetes, entonces no que ahora lo cogen todo, ¡¡a recoger equipo!!
4. Todo tiene arreglo
Cuando antes de decir nada, el cliente suelta un no me des bolsa que me lo llevo puesto y es un señor que le lleva un camisón para su ama, calma que lo llevo en la caja bajo el brazo como si fuera un libro, buena idea.